La Villa de los Papiros en Herculano constituye uno de los grandes descubrimientos del período en que el rey Carlos III promovió las excavaciones de las ciudades sepultadas por la erupción del Vesubio del año 79.

Desde el momento en que se identificaron como papiros carbonizados los hallazgos de una de las habitaciones, el objetivo principal se encaminó a intentar recuperar su contenido. Para ello solicita Carlos III que se traslade a Nápoles el padre Piaggio, quien fue el primero en idear un sistema para desenrollar y leer el contenido de lo que se identificaba como una gran biblioteca de textos griegos.

La villa es una mansión en la que abundan los retratos de personajes de la Antigüedad así como figuras de adorno de los jardines interiores. Una gran parte de estas esculturas fueron solicitadas por el rey desde España, para poder disfrutar, al menos en copias de yeso esas antigüedades que son tan de mi agrado y gusto, y que Dios ha dispuesto que no pueda ver de otra manera”.

La difusión de los bronces y pinturas de Herculano se hizo bajo los auspicios del rey a través de Le antichità di Ercolano Esposte, en la que trabajaron excelentes dibujantes y grabadores del siglo XVIII. Esta obra la regalaba el rey a los eruditos de la época, a los artistas, a la nobleza y a las universidades europeas que se la solicitaban. Las planchas de cobre y sus estampas, constituyen un interesante capitulo en la historia de la documentación arqueológica y su papel en la difusión de los nuevos descubrimientos.

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