La Academia de San Carlos se funda inicialmente bajo la dirección del grabador Jerónimo Antonio Gil, que lleva a la Nueva España los modelos de los yesos que habían llegado a la Academia de San Fernando con la adquisición de la colección donada por Anton Rafael Mengs. También se trasladó, como conjunto más sobresaliente para la enseñanza, la colección de improntas de gemas antiguas que poseía la Academia.

Posteriormente, cuando el rey Carlos III funda la Academia de San Carlos de Méjico, se hace un envío en 1790 de una selección de vaciados que posee la Academia de San Fernando en Madrid. Entre ellos, un número de copias de los yesos procedentes de Nápoles. De este modo, los bustos de la Villa de los Papiros en Herculano y algunos otros de Pompeya y Estabia, cruzan el Atlántico para ser utilizados como modelos por los alumnos de la Academia de San Carlos.

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